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Youtubers: ¿el fin de una era?

Recuerdo cuando, hace unos años, hablábamos de los youtubers como una profesión muy rentable, donde, con sólo una webcam y una pequeña dosis de creatividad, cualquiera podía ganar dinero a través de un canal en la plataforma YouTube.

¿Por qué YouTube?

YouTube, que acaba de cumplir 12 años, es una fuente millonaria de negocio al ser la tercera web más visitada del mundo y el segundo buscador de información detrás de Google. En esta plataforma, cada minuto, sus usuarios (que se contabilizan en millones), suben una media de 300 horas de contenidos, donde podían expresarse libremente y ofrecer un nuevo método audiovisual capaz de competir con la clásica televisión. Además, y debido a su éxito, YouTube es (o era) una fuente inagotable de beneficios donde las principales empresas y agencias publicitarias veían un buen canal para promocionar sus productos y servicios a través de las visitas a los vídeos de los usuarios. Lo cual, también hay que decirlo, reportaba ingentes cantidades de beneficios a los youtubers más seguidos. Por ejemplo, los tres youtubers más famosos del canal (PewDiePie, HolaSoyGerman y Smosh) sumaban unos ingresos mínimos anuales de más de 1.000.000 de euros y superaban en índices de popularidad a celebridades musicales del momento. Vamos, ¡un negocio redondo para los millennials!

 

Ops.. ¡Crisis Publicitaria a la vista!

Pero estamos ante una profunda crisis publicitaria en YouTube que afecta, sobre todo, a los youtubers. Precisamente, y de la mano de uno de los Youtubers más importantes, PewDiePie (con 53 millones de seguidores), comenzó esta crisis, cuando los inversores de la publicidad que aparecía en sus vídeos se percataron de su cierto “humor” un tanto… digamos… racista. El usuario, en su defensa, aseguraba que se trataba de humor sin malicia, pero lo cierto es que generó muchísima polémica. Así, el inversor, Disney Maker Studios decidió pegarles un bofetón a él y a YouTube y retirar toda su publicidad. 

Poco después, y ante el pánico que comenzó a surgir al sospechar que otros inversores podrían estar publicitando sus productos, a través de un algoritmo permitido por Google, en canales de contenido, digamos, “poco apropiado”, empezaron a saltar escándalos como el de la multinacional Wolkswagen en canales de apología neo-nazi (si, has leído bien, Wolkswagen apareciendo junto a apologías neonazis… un coctel explosivo).

Así, las grandes empresas tendieron un pulso al gigante audiovisual retirando sus inversiones publicitarias de la plataforma al percatarse de que podrían aparecer en canales de apología machista, racista, xenófobo o, incluso, yihadista.

 

Y, ¿qué tienen que ver los youtubers en todo ésto?

Bueno, como respuesta del gigante Youtube, y al contrario de lo que muchos podían sospechar, decidió trucar el algoritmo de Google para que los anuncios aparecieran solamente sobre contenido extremadamente seguro. Es decir, volvió la “censura”. ¿Palabrotas? Fuera. ¿Freakies hablando sobre viodejuegos que hagan apología a la violencia? Bye-bye. ¿Cómicos haciendo bromas machistas o xenófobas? “Hasta nunqui”.

En resumen, adiós contenido problemático. Y, si analizamos el público target de los youtubers, adolescentes quinceañeros con demasiado tiempo libre, nos daremos cuenta de que su contenido responde, en un altísimo porcentaje, con el contenido non-grato para la nueva visión de Youtube para adquirir publicidad.

En su defensa, los youtubers apelan a la libertad de expresión y, sobre todo, al humor.

 

Pero… ¿Dónde están los límites del humor?

En España, nuestros youtubers no se escapan en cuanto a contenido non-grato para Youtube. El año pasado, sin ir más lejos, pudimos ver a tres de los youtubers más famosos entre el público millennial, en los principales medios de comunicación debido a su sentido de… digamos, humor.

Uno de los casos más polémico y que, sin duda, acaparó toda mi atención, fue el de la famosa polémica con el humorista Jorge Cremades. Él había sido tachado de machista por varias plataformas feministas en innumerables ocasiones (cada vez que subía un vídeo a su canal de YouTube, sin ir más lejos). Y es que, en sus vídeos aparecían muchas mujeres. Muchísimas, diría yo. Y todas cumplen un patrón fijo: celosas, pesadas, obsesivas y consumistas. Vamos, una imagen genérica poco feminista… Aunque también salían hombres. Hombres representados poco más que como cavernícolas de la edad de piedra, motivados únicamente por el deseo primigenio del sexo incapaces de llevar un bolso porque, eso es de “mariquitas”.

Todo ello hizo que Jorge Cremades se hiciera incluso más viral de lo que él pudiera imaginar, convirtiéndose en todo un Influencer (incluso llegó a ganar el premio 40 Principales por ello). Pero, al mismo tiempo, las plataformas feministas fueron escuchadas en varios municipios, llevando a la cancelación de varias actuaciones apalabradas en dichos municipios, dando comienzo a la polémica de los límites del humor.

Poco después, el “Cara anchoa” invadió las portadas de los principales medios de comunicación. Imagino que todos os acordaréis de este “pobre” chaval que se llevó un galletón por humillar a un trabajador. Eso sí, la humillación no iba con maldad, era simplemente humor… Y es que MrGranbomba no era más que un cultivado chaval con un inofensivo canal donde se dedica a grabar “bromas” basadas en insultar a la gente por las calles de Alicante (nótese la ironía), hasta que un repartidor le respondió ofertándole un sonoro bofetón en toda la cara. Y comenzó la polémica… ¿se lo merecía? ¿Tenemos que ser más tolerantes con el humor o, por el contrario debemos ser más respetuosos?

Y, para finalizar… el mejor de todos. Éste youtuber se lleva el premio al idiota del año. Estamos hablando de Reset. Este individuo se dedicaba a subir vídeos a youtube llevando a cabo las pruebas que les ponían sus seguidores (volvemos al target de adolescentes quinceañeros…). Y , como era de esperar, su fin no tardó en llegar cuando, en una de sus pruebas, fue retado a realizar una broma que realmente indignó, no sólo a sus seguidores, sino a España en general. Un seguidor, le retó a comprar un paquete de galletas y sustituir la suave y deliciosa crema interior por pasta de dientes, algo que sobrepasó sus expectativas y no pudo rechazar. Pero Reset quiso, además, darle su toque personal y se la regaló a un mendigo que encontró en la entrada del supermercado. A continuación, le tiró un billete de 20€ y confesó que se sentía bien tras ayudar a la gente y que, además, ahora podría lavarse los dientes.

Evidentemente, no todos los youtubers son así, pero, en tónica general, sí que podemos apreciar un descenso en la creatividad de sus contenidos y un auge por el “humor infantil” para obtener el click fácil y su posterior viralización que, muchos han tachado de crisis youtuber, la cual, unida a la crisis publicitaria, hace que una de las profesiones favoritas de los millennials corra peligro.

 

La respuesta de Youtube

Así, en medio de este delicioso cóctel, YouTube decidió tomar partido para intentar recuperar a sus inversores en perjuicio de sus usuarios, youtubers mayoritariamente, para asegurar unos contenidos políticamente correctos en los que las empresas se sientan cómodos de mostrar su publicidad.

Por una parte, ahora deberemos pertenecer a la family friendly (como la llama el famoso youtuber español Wismichu en su canal YouTube ), zonas seguras donde las empresas se sientan agusto. Canciones y vídeos infantiles, recetas de cocina y videos de flores y mariposas de duración superior a 10 minutos. La visión de la plataforma, es algo distinta, evidentemente. En su blog podemos leer sus polémicas declaraciones: “Nuestras políticas de anunciantes establecen el tono para los vídeos que pueden recibir anuncios, garantizando que los anuncios sólo aparezcan donde deberían. Sin embargo, y para asegurarnos de que aplicamos este proceso de manera justa, también damos a los creadores la oportunidad de apelar si sienten que alguno de sus videos ha sido desmonetizado injustamente”.

Límite de seguidores como filtro contra el abuso:

Por otro lado, para proteger aún más a los inversores, YouTube ha introducido el límite de 10.000 seguidores en un canal para poder hacerse socio y poder generar beneficios económicos. Esto supone un nuevo batacazo para los youtubers ya que, anteriormente, bastaba con tener un número creciente de seguidores y una actualización constante de contenidos para poder ser partner, pero ahora, necesitaremos un elevado mínimo de seguidores para poder empezar a monetizar en la plataforma. La explicación del gigante es que, con esta medida, pretenden acabar con el plagio latente de muchos canales que copiaban contenidos para ganar mucho dinero haciendo bastante poco para merecerlo. Además, no sólo hay que superar el mínimo de followers, sino que, también, deberemos pasar una revisión por parte de la plataforma que nos dirá si nuestro contenido es original y apto o si, por el contrario, no lo es y nuestra creatividad es insuficiente para ganar dinero.

¿Y mis notificaciones? Crónica de una muerte anunciada

Si los pobres youtubers tenían poco, ahora encima les quitan las notificaciones. Antes, cuando eras un follower de un canal y el youtuber de turno subía un nuevo vídeo a ese canal, la propia plataforma te avisaba con una notificación en forma de campanita. Pero, ahora, ¿dónde está? ¿Cómo se enteran los followers de que el Rubius tiene un nuevo vídeo chorra? (redoble de tambores..) ¡Chis Plas!  Correcto, Youtube pretende una nueva limpia digamos, poco elegante, de aquellos elementos non gratos para los inversores. Y, lo está haciendo en base a una repentina caída de las visitas a estos canales provenientes de las notificaciones.

 

Guerra entre Youtube y Youtubers

Querían guerra y aquí la tienen. Usuarios como Wismichu han declarado la guerra a la plataforma haciendo declaraciones en sus canales llenas de hostilidades. Y es que, ¿quién tiene las de ganar? ¿La plataforma por la cual los usuarios ganan dinero a través de sus vídeos o los usuarios que suben sus vídeos y hacen a YouTube ganar dinero? ¡Ajá! He ahí el quid de la cuestión…

Una cosa está clara, si manejas la infraestructura, los que la utilizan tendrán más que perder que tú.

Si a eso le sumamos que la mayor parte de los youtubers tienen una temática y un target adolescente, con todo lo que ello conlleva (palabrotas, bromas de mal gusto y temática rebelde y políticamente poco correcta), la balanza no es favorable para la comunidad youtuber.

Sea como sea, lo más seguro es que, tarde o temprano, los inversores vuelvan a pagar por su publicidad poco a poco y todo vuelva a la normalidad… Por el bien de los millennials.

 

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